Meningioma: benigno o maligno, qué significa el grado y qué determina el pronóstico

Un meningioma no se clasifica solo como «benigno» o «maligno»: la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo sitúa en un grado —I, II o III— que describe cómo se comportan sus células al microscopio y con qué probabilidad crece o reaparece. Ese grado, junto con el tamaño, la localización y si se puede extirpar por completo, es lo que de verdad determina el pronóstico y la estrategia de tratamiento. 

Este artículo explica qué significa cada grado, en qué se diferencia un meningioma benigno de uno atípico o maligno, y qué factores pesan más a la hora de decidir entre vigilancia y cirugía.

¿Qué es un meningioma y qué significa que tenga un «grado»?

Un meningioma es un tumor que se forma en las meninges, las membranas que envuelven el cerebro y la médula espinal, y no en el tejido cerebral en sí.

Son el tumor primario más frecuente del sistema nervioso central: representan, según las series consultadas, entre un tercio y el 40 % de los tumores cerebrales primarios. La mayoría desplaza el tejido nervioso vecino en lugar de invadirlo, lo que explica por qué muchos pasan años sin dar ningún síntoma.

La OMS no distingue únicamente entre tumor benigno y maligno: clasifica cada meningioma en tres grados en función del aspecto de sus células y de la rapidez con que crecen. Ese grado es el dato clínico que más pesa a la hora de decidir el seguimiento y el tratamiento.

Grado I: el meningioma benigno, el más frecuente

El grado I es el meningioma benigno: crece despacio, no invade el tejido cerebral y representa en torno al 80 % de los casos.

Sus células conservan un aspecto cercano al normal y tienen baja probabilidad de reaparecer tras una extirpación completa. Cuando el tumor puede resecarse por entero, la supervivencia a cinco años supera el 95 %.

Eso no significa que todo meningioma grado I deba operarse de inmediato: muchos se controlan con resonancias periódicas mientras no crezcan ni provoquen síntomas. Existen además varios subtipos histológicos —meningotelial, fibroso, transicional, entre otros— que comparten este comportamiento favorable.

Grado II: el meningioma atípico

El grado II, o meningioma atípico, crece más rápido que el grado I y tiene más probabilidades de reaparecer tras el tratamiento, aunque no se clasifica como maligno.

Se sitúa en un punto intermedio: sus células muestran alteraciones que anticipan un comportamiento algo más activo, sin llegar a la agresividad del grado III. La cirugía sigue siendo el tratamiento de referencia, pero el seguimiento posterior suele ser más estrecho, porque el riesgo de que el tumor reaparezca es mayor que en el grado I.

Grado III: el meningioma maligno o anaplásico

El grado III, o meningioma anaplásico, es el menos frecuente y el único que se clasifica formalmente como maligno: crece con rapidez y puede invadir el tejido cerebral adyacente.

Representa una proporción minoritaria del total de meningiomas. Tiene mayor tendencia a reaparecer incluso después de una cirugía completa, y la supervivencia a largo plazo es sensiblemente inferior a la de los grados I y II. En estos casos, el tratamiento combina casi siempre cirugía y radioterapia.

Más allá del grado: qué otros factores cambian el pronóstico

El grado histológico no es el único factor que decide el pronóstico: cuánto se puede extirpar el tumor y dónde está situado pesan tanto o más que el grado en sí.

Un meningioma grado I situado en una zona de fácil acceso, donde puede extirparse por completo, suele evolucionar mejor que un grado I alojado junto a estructuras delicadas —el nervio óptico, el tronco encefálico, un seno venoso—, donde la resección solo puede ser parcial. En estos casos concretos, como los recogidos en la información sobre meningiomas de todas las localizaciones, el grado dice poco por sí solo: la localización condiciona qué parte del tumor es seguro retirar, y eso repercute directamente en el riesgo de que vuelva a crecer.

La edad en el momento del diagnóstico y el estado general de salud también influyen. Y desde la actualización de la clasificación de la OMS de 2021, ciertas alteraciones moleculares —mutaciones del gen NF2, pérdidas de material en determinados cromosomas— se han incorporado como datos que ayudan a anticipar el comportamiento del tumor, incluso dentro de un mismo grado. Por eso dos meningiomas del mismo grado pueden evolucionar de forma distinta: el grado orienta, pero no cierra el pronóstico.

    Cómo se llega al diagnóstico de grado

    El grado de un meningioma solo se confirma con el análisis de una muestra del tumor al microscopio; ninguna resonancia por sí sola lo determina con certeza.

    La resonancia magnética es la prueba que primero detecta el tumor, localiza su tamaño y su relación con las estructuras vecinas, y en muchos casos permite sospechar si el comportamiento será más o menos agresivo. Pero el diagnóstico definitivo del grado llega con el estudio histopatológico de la muestra, casi siempre obtenida durante la propia cirugía. La tomografía computarizada se reserva para valorar la afectación del hueso o para los casos en que la resonancia está contraindicada.

    Qué tratamiento corresponde a cada grado

    El tratamiento no es automático por el simple hecho de tener un meningioma: depende del grado, del tamaño, de si produce síntomas y de si ha crecido en los controles sucesivos.

    GradoComportamiento habitualEnfoque terapéutico habitual
    I (benigno)Crecimiento lento, baja probabilidad de recidivaVigilancia con RM periódica si no hay síntomas; cirugía si crece o comprime estructuras
    II (atípico)Crecimiento más rápido, mayor riesgo de recidivaCirugía como primera opción; seguimiento posterior más estrecho
    III (maligno)Crecimiento rápido, mayor tendencia a invadir tejido cerebralCirugía y radioterapia, casi siempre combinadas

    La observación activa —resonancias periódicas sin intervenir— es una opción real, no una demora: se reserva para meningiomas pequeños y sin síntomas, sobre todo de grado I. La cirugía es el tratamiento de referencia cuando el tumor crece, comprime una estructura relevante o ya ha dado síntomas, y su objetivo es la extirpación completa siempre que la localización lo permita. La radioterapia se añade cuando la resección no puede ser total o en los tumores de grado más alto, para reducir la probabilidad de que el meningioma vuelva a crecer.

    Preguntas frecuentes

    ¿Un meningioma es lo mismo que un cáncer de cerebro?

    No necesariamente. La mayoría de los meningiomas —los de grado I y buena parte de los de grado II— no se consideran cáncer, porque no invaden ni se diseminan de forma agresiva. Solo el grado III se clasifica formalmente como maligno. Aun así, cualquier meningioma puede requerir tratamiento si comprime estructuras importantes, con independencia de si se le llama «canceroso».

    ¿Todos los meningiomas de grado I necesitan cirugía?

    No. Muchos meningiomas grado I, sobre todo los pequeños y asintomáticos detectados de forma incidental, se controlan con resonancias periódicas en vez de operarse de inmediato. La cirugía se plantea cuando el tumor crece, produce síntomas o está cerca de una estructura que conviene proteger antes de que aparezca un problema.

    ¿Puede un meningioma benigno convertirse en maligno con el tiempo?

    Es poco frecuente, pero se han descrito progresiones de grado I a grado II o III tras recidivas sucesivas. Por eso el seguimiento con imagen no termina tras una cirugía aparentemente exitosa: permite detectar a tiempo cualquier cambio en el comportamiento del tumor.

    ¿Qué significa exactamente que un meningioma sea «atípico»?

    «Atípico» es el término que corresponde al grado II de la OMS. Describe un tumor cuyas células muestran signos de mayor actividad que un grado I benigno, sin llegar a los criterios de malignidad del grado III. No es sinónimo de cáncer, pero sí implica un seguimiento más estrecho por el mayor riesgo de recidiva.

    Siguiente paso

    Saber en qué grado se encuentra un meningioma es el primer paso para entender qué esperar, pero no el único: la localización, el tamaño y la posibilidad de extirparlo por completo pesan tanto como la etiqueta de la OMS. Por eso cada caso requiere una valoración individual antes de decidir entre vigilancia y cirugía. El Dr. Tomasz Gliniewicz, neurocirujano en Málaga especializado en tumores intracraneales, evalúa cada meningioma con estudios de imagen detallados para determinar el enfoque más adecuado, evitando intervenciones innecesarias cuando la vigilancia es la opción más segura. Puede solicitar una valoración si necesita una segunda opinión sobre su caso.